JUAN A. GONZÁLEZ. UNIVERSIDAD DE MÁLAGA.
El 19 de diciembre del año pasado, y después de combatir
año y medio contra un cáncer, falleció en San Sebastián
nuestro compañero Jorge V. Arregui. Había llegado a nuestro
departamento de filosofía de la universidad de Málaga en
1995, al ganar por dos veces una ajetreada oposición a
titular de filosofía (antropología) de la que finalmente
tomó posesión el 15.XI.1996; ha estado, pues, una década
con nosotros.
En estos años, además de desempeñarse como profesor de
antropología y otras materias afines, y de distintos cursos
de doctorado, fue director de la unidad docente (área) de
filosofía durante un curso académico (1998-99), y
coordinador del programa de doctorado
La complejidad de la razón durante
tres años (los bienios 2001-3 y 2002-4). En 2001 constituyó
en nuestro departamento un nuevo grupo de investigación
sobre
Hermenéutica y deconstrucción en
antropología,
que ha sido financiado durante estos cuatro años por
el
Plan andaluz de investigación de
la Junta de Andalucía. Entre 1996 y 2004 fue además miembro
activo del
consejo de redacción de
esta revista internacional de filosofía
Contrastes.
Muy notable es también la organización en estos años de
cuatro congresos celebrados en el departamento de filosofía
de la universidad de Málaga; llevaron por título:
concepciones y narrativas del yo (1998),
emociones (1999),
universalismos, relativismos, pluralismos
(2000)
y
cuerpos, subjetividades y artefactos
(2002).
Con motivo de los mismos distintos profesionales de la
filosofía de toda España, algunos profesores invitados del
extranjero, y numerosos alumnos tuvimos todos la
oportunidad de compartir el ejercicio en común de la
filosofía, y la cordial convivencia mutua. Además, en 2004,
y organizado también por un Jorge ya conocedor de su grave
enfermedad, se celebró en Málaga el
VI congreso de la sociedad hispánica de antropología
filosófica (SHAF),
que entonces presidía, y que llevó por título el de
Debate sobre las antropologías.
Esta breve relación de actividades, y el listado de sus
obras que se agrega más abajo, dan una idea de su destacada
labor profesional; pero no registran enteramente la huella
que ha dejado entre nosotros: sus amigos, compañeros y
discípulos. Por señalar sólo algún rasgo de esa huella, que
juzgo además una nota sobresaliente de su personalidad,
destacaré su pasión, su entrega; con una doble dimensión:
su darse a los demás, y su profesionalidad en el trabajo.
Creo inevitable aludir a su entrega para con los alumnos,
pues siempre se volcó con ellos: tuvo becarios de
colaboración y de investigación, un buen grupo de
doctorandos -aunque no se llegara a defender aquí en
Málaga, bajo su dirección, ninguna de las tesis que
promovió-, graduados incorporados a su grupo de
investigación, etc. Y siempre le recordaremos, además, en
clases o seminarios, tertulias y conversaciones, acaso
improvisadas: en el despacho, en el bar, en su casa; la
filosofía no le apartó, sino que le vinculaba con los
demás.
Con sus alumnos... y con sus compañeros: con quienes
conversaba tan a menudo, acaso discutiendo; y a quienes
otras tantas veces servía o ayudaba. Sin importarle la
especialidad que cada uno cultivara, a todos intentó
acercarse y con todos contaba; porque entre todos había
algo en común: la filosofía, que más se consigue sumando
que separando. También en el campo científico, Jorge se
hizo notar por sus relaciones académicas, tanto en el
ámbito nacional como en el extranjero, principalmente el
británico. Entre otros motivos, por reconocer en la
comunidad científica el contexto propio del quehacer
filosófico.
Viene a cuento entonces seguir destacando expresamente la
profesionalidad con que desarrolló su trabajo, y la que
exigía a todos a su alrededor; la pasión con que intervenía
en los órganos de gobierno, o cuando trataba con ellos,
para lograr que sirvieran a las finalidades académica y
formativa que pretendía para la universidad, también para
ésta malagueña a veces demasiado acomodada al entorno
mediterráneo. A todos pedía no sólo el rigor interno del
trabajo académico, sino la coherencia entre éste y la vida
que a él se consagra.
Filósofo siempre, era muy buen conversador; y en seguida se
apreciaba su talante especulativo: no podía dejar de
teorizar, pero siempre insertado en los quehaceres
cotidianos; como quien huye del aislamiento del pensar, o
de una teoría autorreferida, alejada de su contexto: de los
demás y de la vida. Repito: pasión y entrega.
Yo personalmente he tenido la fortuna de disfrutar de una
estrecha amistad con Jorge los años que ha pasado aquí en
Málaga: he coincidido con él en algunas de las coordenadas
de nuestras vidas -¡hasta hemos hecho negocios juntos!-, he
colaborado con él en casi todas las actividades que aquí
desarrolló, y he visto finalmente el progresivo cambio que
padeció al ir acabando su vida. El vacío que nos ha dejado
yo lo lleno en parte con la esperanza de algún día volver a
darle un abrazo, si es posible que ello acontezca. Entre
tanto, sirvan estas líneas como nuestro más sentido
homenaje y sincero reconocimiento.
Juan A. García González
Universidad
de Málaga
Marzo del 2006