ITINERARIO INTELECTUAL DE JUAN J. PADIAL
Mis intereses filosóficos, así como mi actividad
investigadora, se mueven en torno a la
Antropología, la
Epistemología y la
Historia de la Filosofía (principalmente
Moderna y Contemporánea). Comencé a ocuparme del concepto
de
mundo, para lo que
estudie las vías epistemológicas que conducían a
Husserl, a
Heidegger y al filósofo
español Leonardo
Polo a su estudio.
(Cfr.: Padial, Juan J., “Aspectos gnoseológicos de la
noción de mundo” en Anuario
Filosófico, XXIX-1996).
En La Crisis
de las Ciencias Europeas y la Fenomenología
Trascendental de E. Husserl
encontré que la constitución del mundo (Lebenswelt)
como horizonte necesario de toda praxis es temporal, y
remite al acto de presentificación (Vergegenwärtigung).
O sea, la continua formación de sentido que conlleva la
presentificación es correlativa o solidaria con el
“mundo de la vida” como horizonte práxico.
Según Heidegger, el mundo se constituye según la habitación
humana del mismo, y se revela de un modo privilegiado en la
angustia. Así la investigación quedaba abierta al estudio
del encuentro inmediato de sentido en el habitar humano.
Este tema lo abordé en mi Memoria de Licenciatura.
En el año 1997 publiqué junto al Prof. Juan A. García
(Universidad de Málaga) “Discusión del
cogito-sum
cartesiano”
(en Studium,
Madrid). Allí intentamos explorar el sentido trascendental
de la subjetividad, haciendo una comparación entre la
experiencia intelectual cartesiana y el comienzo de
la
Ciencia de la Lógica
hegeliana por una parte,
y de otra con las
Meditaciones cartesianas de
Husserl. Concluimos
constatando cierta insuficiencia en el diagnóstico
fenomenológico de lo dado inmediatamente a la experiencia
humana, pues tanto el pensar como el ser se ocultan a ella,
dación de sentido que oculta tanto lo mental como lo
extramental.
Busqué en la
filosofía de Leonardo Polo un modo de aclarar la dación de
sentido que el ser humano impone a los entes intramundanos.
El mundo es descrito por este filósofo como “lo que
está ya inmediatamente abierto”. El carácter de
inmediación remite al operar intelectual, mientras que la
apertura remite al sentido encontrado e impuesto a través
de la acción y el habitar. Así en mi libro
La
antropología del tener según Leonardo Polo
(Pamplona,
2000) intenté una teoría global de la acción, en la que
tanto el pensar como el hacer son entendidos como actividad
humana que abre inmediatamente mundo, impone nuevos
sentidos al mundo y revierte en forma de habitudes sobre el
hombre. Sobre la interpretación activa del pensar y la
rehabilitación de la teoría como acción publiqué en Roma
(Italia) dentro de las actas de Congreso
“Metaphysichs for the Third Millenium
Conference” el artículo “Metafísica y
teoría”. Estas investigaciones me abrieron los temas
del crecimiento de sentido y del crecimiento humano. Las
conclusiones del libro sobre el tener apuntaban al puesto
del hombre en el cosmos y a un estudio sobre el don (en
línea con los de Marcel
Mauss, Paul
Ricoeur,
Leonardo
Polo o
Ignacio
Falgueras). Este libro
recogió parte de mi Memoria de Licenciatura, que se
defendió en la Universidad de Málaga en del año 2000, y que
mereció el Premio Extraordinario de Licenciatura del curso
1998/99.
El presupuesto metodológico de la investigación sobre el
tener humano radicaba en la irreflexividad del pensamiento
humano. Expuse un elenco de los modos del tener intelectual
humano congruente con la irreflexividad del pensamiento en
mi artículo “Las operaciones intelectuales según
Leonardo Polo” (Pamplona, 2000). Fruto de este
artículo fue la preocupación por la índole reflexiva o
irreflexiva del pensamiento humano. Una primera tentativa
de solución la ofrecí en mi artículo “El peligro de
la diferencia en Hegel” (Themata,
XXVII-2001, Sevilla) donde abordé el tema del comienzo del
pensar y del monismo hegeliano. Pero tal investigación era
claramente un ensayo. La búsqueda de solución al
interrogante hizo que escogiese a
Hegel, el filósofo
que más ha acentuado la reflexividad de la inteligencia, y
a la obra en que más claramente se aprecia lo intelectual
puramente y el cierre perfecto en el sistema,
La Ciencia de la Lógica, como tema y
autor de mi tesis doctoral. Así escribí “La Idea en
la Ciencia de la Lógica de Hegel” (publicada en
Málaga, 2003). El objeto y las conclusiones de dicho
trabajo versaban sobre el principio trascendental de
identidad en la metafísica hegeliana y sobre la
compatibilidad del objeto con la reflexión cognoscitiva.
Este segundo punto era decisivo, pues incidía en mis
preocupaciones sobre si el sentido presente en los objetos
pensados podía tener como fundamento la autoconciencia.
Sobre el tratamiento hegeliano del primer principio de
identidad escribí prosiguiendo algunas consecuencias de mi
tesis en mi artículo “¿Advertencia, o suposición del
ser?. Sobre los métodos de la metafísica” (Málaga,
2002) donde entendía el idealismo hegeliano como una
respuesta a los planteamientos nominalistas tardomedievales
(particularmente a la teoría de la suppositio),
y concluía con una tesis sobre la máxima diferencia del
sentido presente en los objetos pensados para con el ser
extramental. Así se continuaban los primeros pasos de mi
investigación. Sobre los métodos de la ontología también
escribí tres textos reunidos en Falgueras, I., García,
J.A.; Padial, J.J. “Materiales preparatorios del
Congreso en la red para comentar ‘El acceso al
ser’” (Málaga, 2005). Allí también hay una
largo comentario a la interpretación que Leonardo Polo hace
de la Lógica del
ser de Hegel.
No obstante, el
punto misterioso y admirable seguía siendo para mí ¿de
dónde proviene el otorgamiento de sentido con que el hombre
cuenta inmediatamente en su actividad?
Estos intereses
se materializaron en la edición de un volumen colectivo
junto con los profesores Juan A. García e Ignacio Falgueras
titulado “Futurizar el presente” (Málaga,
2003), en el que destacados especialistas aportan estudios
sobre: la temporalidad humana (G. Castilla), la distinción
entre las intencionalidades del pensamiento y la del querer
(U. Ferrer), líneas prosecutivas de los métodos
fenomenológicos (F. Haya), la voluntad, su distinción y
unificación con el intelecto (J. M. Posada), y la
vinculación del hombre con el futuro (I. Falgueras, J.F.
Sellés). Mi contribución a dicho volumen estribó en
examinar tres tesis hegelianas (la totalización objetiva,
la autoaclaración reflexiva y su construccionismo
objetivo), señalar algunas aporías a las que da lugar, y
proponer como vía de avance para el pensar las siguientes
tesis: i) la pluralidad de actividades intelectuales, ii)
el valor constante de dichas actividades que presentan
inmediatamente sentido, y iii) su valor de umbral o
limen
por
el que la actividad otorgante de sentido no comparece en lo
dado, sino que se detiene y no está separada del sentido.
Ahora bien, las impugnaciones que en mi tesis dirigí contra
la noción de reflexividad intelectual exigían ajustar
precisamente el sentido antropológico y epistemológico de
las actividades intelectuales que otorgan un sentido
generalizante y progresivo, pues parece que el quehacer
científico es reflexivo al versar las ideas que obtienen
los científicos sobre hechos empíricos que son determinados
como tales precisamente desde la idea o ley general
formulada. Por ello escribí el artículo “El celofán
del concepto. Sobre la transparencia u opacidad de las
entidades intencionales” (Pamplona, 2004). En él,
estudio el significado del proceso dialéctico hegeliano,
participo en el debate entre P. Rohs y J. Simon sobre el
fundamento del movimiento conceptual, y concluyo con dos
tesis sobre la claridad de las ideas generales.
En este momento descubrí la importancia de la ontología
modal para la interpretación de las antropologías modernas.
Ya en la tesis doctoral hablé de la conversión de la lógica
especulativa con la ontología modal, y comencé a
desarrollar las ideas de “modos mixtos”,
aventurando que la noción hegeliana de “todo”
es justamente uno de dichos modos mixtos:
posibilidad-necesidad. Investigar esta idea exigía
emprender unas investigaciones cuidadosas en los
principales filósofos modernos. Así lo hice en mis trabajos
“La crítica hegeliana a las conversiones entre los
modos operadas por Leibniz” (Anuario
Filosófico, 2005) y
“La unificación lógica de las modalidades según
Spinoza” (Ciudad Real, en prensa).
La cuestión del otorgamiento o dación de sentido seguía
siendo la guía de todos los esfuerzos de mi investigación.
El estudio de Leibniz y de Spinoza habían puesto relieve el
papel del “yo”: la mónada leibniziana —y
la espontaneidad con que ésta se analiza—, o la
espontaneidad con los atributos y los modos dimanan de
la causa
sui según Spinoza.
Siguiendo las investigaciones que sobre la prehistoria del
idealismo alemán realizó D. Henrich presenté una ponencia
en la Universidad de Toulouse titulada “Trieb und
Potencialität des Lebens in der Hegelschen Logik” (en
prensa, Hegel-Jahrbuch);
edité un trabajo de Leonardo Polo sobre la tematización del
infinito por Duns Scoto y la espontaneidad de su
intelección; y por último escribí el artículo “Sobre
la fundamentación desde el yo. La crítica poliana a la
noción de espontaneidad cognoscitiva” (Pamplona,
2006). En éste último trabajo examiné la noción de
espontaneidad como naturaleza (Platón, Spinoza), como
sustancia (Leibniz) y como sujeto (Hegel). Concluí con una
tesis sobre el papel no productivo de sentido, ni
fundamentador de inteligibilidad por parte del yo.
Desde este momento mi heurística por las fuentes del
sentido que el hombre encuentra se ordenaron de nuevo a la
antropología como teoría general de la acción. Como fuente
primordial estoy utilizando la comprensión hegeliana de la
acción. Comencé el estudio diacrónico de estos temas en la
filosofía hegeliana con los artículos “El llanto más
acerado. Sobre la distancia y la profundidad en los
escritos de juventud hegelianos” (Sevilla, en
prensa), “El yo y la muerte“ trabajo que versa
sobre la Fenomenología
del espíritu (Salamanca, en
prensa) y la comunicación al Congreso Belief and
Metaphysics titulada “The Hegelian Critique To The
Separation Of God And World, Of God And Human Being”
(Granada, 2006).
Por otra parte,
expuse algunas tesis sobre el papel de la pragmática humana
en el encuentro, la comprensión y el otorgamiento de
sentido en “El enigmático recoger la antorcha de los
muertos. Sobre la comprensión del pasado histórico”
(Sevilla, 2007).